La Cruz nos recuerda el camino a Dios

camino-hacia-la-cruzAlgunas personas suelen asociar la cruz con un martirio.  Sin embargo, para los creyentes en Dios, dicha imagen es incorrecta y contraria a los designios de Dios, como nos lo recuerda la Biblia en el pasaje de  Filipenses (3, 18):  «Porque muchos andan como les he dicho muchas veces, y ahora se lo digo aun llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo«.

Tengamos  presente que la «muerte de Jesús» fue profetizada por Juan el Bautista en el Jordán al señalarlo como el “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.  Justo este comentario nos lo puntualiza el apóstol Pablo: «¿dónde esta, oh muerte, tu victoria? Donde, oh sepulcro , tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley; pero a Dios gracias, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, mis amados hermanos, estén firmes, constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que su trabajo en el Señor no es en vano» (1 Cor 15,55-58).

Por ello deben tener presente que  la Cruz es aceptar la voluntad de Dios.  De hecho, Benedicto XVI indicó el 14 de septiembre de 2008: «la señal de la Cruz es de alguna forma el compendio de nuestra fe, porque nos dice cuánto nos ha amado Dios; nos dice que, en el mundo, hay un amor más fuerte que la muerte, más fuerte que nuestras debilidades y pecados«. El continua diciendo «a todos los hombres de buena voluntad, a todos los que sufren en su corazón o en su cuerpo, a levantar los ojos hacia la Cruz de Jesús para encontrar en ella la fuente de vida, la fuente de Salvación«, en otras palabras, la Cruz es nuestra salvación donde el amor es más fuerte que el mal.

Más aún, Benedicto agrega «Volvamos nuestras miradas hacia Cristo. Él nos hará libres para amar como Él nos ama y para construir un mundo reconciliado. Porque, con esta Cruz, Jesús carga el peso de todos los sufrimientos e injusticias de nuestra humanidad. Él ha cargado las humillaciones y discriminaciones, las torturas sufridas en numerosas regiones del mundo por muchos hermanos y hermanas nuestros por amor a Cristo«. De mono que aprendemos que la muerte de Cristo crucificado fue y es el instrumento de Dios para nuestra salvación eterna.

Quizás dude ello, pero recuerde lo que está escrito en  Mt 16, 21 cuando Jesús anunció su muerte en la cruz a sus discípulo. Más aún, el pasaje de Col 1, 20 se afirma «por la sangre de la cruz Dios ha reconciliados a todos los hombres«, donde Jesús «murió por nuestros pecados » (1 Col 15,3), y así podamos recibir la herencia prometida (Heb 9, 15).

Nunca debes dudar que la Cruz es el camino a la resurrección como nos lo narra el pasaje bíblico tras pasar cuarenta días cuando sus discípulos recibieron el Espíritu Santo tras la resurrección del Señor.

Para ir finalizando, y no por ello menos importante, recordemos las palabras de Cristo retratadas en Marcos 16, 44:  «Luego Jesús llamó a sus discípulos y a la gente, y dijo: —Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame«, resaltando la obediencia a Dios sin dudarlo en cualquier momento, a pesar de las dificultades y las angustias pasajeras, porque nuestra recompensa es grande como nos lo recuerda en Juan (12, 26), «si alguno quiere servirme, que me siga; y donde yo esté, allí estará también el que me sirva. Si alguno me sirve, mi Padre lo honrará«.

En Gal 2, 19 reza «Por mi parte, siguiendo la ley, llegué a ser muerto para la ley a fin de vivir para Dios. Estoy crucificado con Cristo, y ahora no vivo yo, sino que Cristo vive en mí», recordándonos que  con Cristo estoy justamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí. De modo que la Cruz es el camino que debes seguir para llegar al Reino de los Cielos. Una Cruz que nos atormenta, pero por momentos que se hacen eternos por causa de nuestra debilidad y miedo humano.  Una Cruz que nos invita a seguir a Dios sin titubeos ni guarimbas. Una Cruz que es la señal final que nos indica el lugar donde finalmente podremos convivir con Dios, nuestro Señor. Ten fe, ten confianza en Dios.